|
Mi amigo abrió el cajón de la cómoda de su esposa y levantó un paquete envuelto en papel de seda. “Esto – dijo – no es un simple paquete, es lencería”. Tiró el papel que lo envolvía y observó la exquisita seda y el encaje. “Ella compró esto, la primera vez que fuimos a Bogotá, hace 8 ó 9 años. Nunca lo usó, lo estaba guardando para una ocasión especial. Bueno, creo que ésta es la ocasión”. Se acercó a la cama y colocó la prenda junto con las demás ropas que iba a llevar a la funeraria: Su esposa acababa de morir. Volviéndose hacia mi, dijo: “No guardes nada para una ocasión especial, cada día que vives es una ocasión.
“Todavía estoy pensando en esas palabras y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo más y limpiando menos. Me siento en la terraza y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Paso más tiempo con mi familia y menos tiempo en el trabajo. He comprendido que la vida debe ser un patrón de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir.
Ya no guardo nada. Uso mis copas de cristal todos los días. Me pongo mi saco nuevo para ir al supermercado si acaso así lo decido y me da la gana. Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales, lo uso cada vez que me provoca hacerlo. Las frases. “algún día y uno de estos días” están desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo, quiero verlo, escucharlo o hacerlo ahora. No estoy seguro de lo que habría hecho la esposa de mi amigo si hubiera sabido que no estaría aquí para el mañana que todos tomamos tan a la ligera. Creo que hubiera llamado a sus familiares y amigos cercanos.
A lo mejor hubiera llamado a algunos antiguos amigos para disculparse y hacer las pases por posibles enojos del pasado. Me gustaría pensar que hubiera ido a comer comida china: su favorita. Son esas pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojado porque dejé de ver a buenos amigos con quienes me iba a poner en contacto algún día. Enojado y triste porque no le dije a mis hermanos y a mis hijos con suficiente frecuencia cuanto los amo. Ahora trato de no retardar, detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestras vidas. Y cada mañana me digo a mi mismo que este día es especial, cada día, cada hora, cada minuto, es especial. Piensa que ese “uno de estos días” está muy lejano o puede no llegar nunca. No esperes en vano para expresar y hacer lo que realmente te debes.
Nosotros tenemos el poder aquí y ahora mismo. No importa por cuánto tiempo hayamos tenido patrones negativos, enfermedades o relaciones enfermizas, malas finanzas, auto-destrucción, nosotros podemos comenzar un cambio hoy. Los pensamientos que hemos mantenido y las palabras que hemos usado repetidamente hasta ahora, han creado nuestra vida y experiencias. Lo que elegimos pensar y decir hoy, en este momento, creará nuestro mañana, y el siguiente día, y la siguiente semana y el siguiente mes, etc. El poder está siempre en el presente. Aquí es cuando empezamos a hacer los cambios. Qué idea liberadora. El comienzo más pequeño hará la diferencia.
Cuando eras un bebe, eras solo amor y felicidad. Tú sabías cuán importante eras, te sentías el centro del universo. Tenías mucho valor, pedías lo que querías y expresabas tus sentimientos abiertamente. Te amabas totalmente a ti mismo, cada parte de tu cuerpo incluyendo tus heces. Sabías que eras perfecto. Y esa es la realidad de tu ser. Todo lo demás es aprendido y puedes cambiarlo. Con cuanta frecuencia decimos, "Así es como soy" o "Así es como es". Lo que en realidad estamos diciendo es que es lo que nosotros creemos que somos. Normalmente lo que nosotros creemos es solo la opinión de alguien más, opinión que aceptamos e incorporamos en nuestro propio sistema de creencias. Si aprendiéramos desde niños que el mundo es un lugar peligroso, entonces todo lo que escucháramos acorde a esa idea la aceptaríamos como nuestra verdad. "No confíes en extraños", "No salgas de noche", "Mucha gente te engaña", etc. Por otra parte, si nos enseñaran que el mundo es un lugar seguro y regocijante, entonces creeríamos otras cosas. "El amor esta en todas partes", "Las personas son amables", etc.
Nosotros raramente pensamos en nuestras creencias. En algún momento podríamos preguntarnos a nosotros mismos, "¿Por qué es tan difícil para mi aprender?", "¿Es esa la verdad?" "¿Es la realidad para mí?", "¿De dónde vino esa creencia?" "¿Todavía lo creo, porque mi maestra de primer grado me lo dijo muchas veces?" "¿Me sentiría mejor si dejara esa creencia?"
Detente por un momento y analiza tu pensamiento. ¿Qué estas pensando ahora? Si tu pensamiento moldea tu vida y tus experiencias, ¿querrías que este pensamiento se hiciera realidad para ti? Si es un pensamiento de preocupación, rabia, dolor o venganza,¿ cómo crees que ese pensamiento regresará a ti? Si queremos una vida feliz, debemos tener pensamientos felices. Todo lo que enviamos mental o verbalmente regresara de la misma manera a nosotros.
Tomate un tiempo para escuchar tus palabras. Si te escuchas decir algo por más de tres veces, escríbelo. Se ha convertido en un patrón para ti. Al final de la semana, lee la lista y verás cómo tus palabras se ajustan a tus experiencias. Atrévete a cambiar tus palabras y pensamientos y mira cómo tu vida cambia. La forma de controlar tu vida, es controlando la elección de palabras y pensamientos. Nadie puede pensar por ti, solo TÚ puedes hacerlo.
JIMMY DAZA JIMENEZ
|